Cuando una pareja con hijos decide separarse, el vínculo afectivo entre los adultos puede terminar, pero el compromiso con la crianza continúa. En ese nuevo escenario, surge una oportunidad poderosa: practicar la coparentalidad positiva, un modelo que pone el bienestar de los hijos por encima de las diferencias personales.
¿Qué es la coparentalidad positiva?
La coparentalidad positiva es la capacidad de dos progenitores —sean pareja o no— de colaborar activamente en la crianza de sus hijos desde el respeto mutuo, la comunicación efectiva y la responsabilidad compartida. No se trata de estar de acuerdo en todo, sino de mantener una relación funcional y saludable como equipo parental, incluso cuando la relación conyugal ha terminado.
Este enfoque se basa en la idea de que los niños necesitan algo más que presencia física: necesitan coherencia emocional, estabilidad y afecto por parte de ambos cuidadores.
¿Por qué es tan importante?
Numerosos estudios en psicología infantil y familiar han demostrado que el nivel de conflicto entre los progenitores tras una separación tiene un impacto directo en el desarrollo emocional de los hijos. La coparentalidad positiva:
- Reduce el estrés infantil y la ansiedad
- Favorece el apego seguro con ambos padres
- Mejora el rendimiento académico y la autoestima
- Previene problemas de conducta y dificultades relacionales
En otras palabras, no es la separación lo que daña, sino cómo se gestiona.
Características de una coparentalidad positiva
- Comunicación clara y respetuosa
- Coordinación en normas, rutinas y límites
- Apoyo mutuo en decisiones importantes
- Evitar hablar mal del otro progenitor frente a los hijos
- Priorizar el bienestar emocional de los menores
- Flexibilidad ante imprevistos y cambios de agenda
- Reconocimiento del rol del otro como figura significativa
Claves para construirla (incluso en contextos difíciles)
Separar el conflicto de pareja del rol parental
Aunque haya dolor o resentimiento, los hijos no deben ser testigos ni mediadores del conflicto.
Establecer acuerdos claros
Horarios, responsabilidades, decisiones médicas o escolares… todo debe estar definido y consensuado.
Practicar la empatía
Ponerse en el lugar del otro no significa justificar, sino comprender para colaborar mejor.
Buscar apoyo profesional si es necesario
La mediación familiar o la terapia pueden facilitar el diálogo y prevenir conflictos mayores.
Recordar que los hijos no eligen
Ellos merecen crecer en un entorno donde el amor no se convierta en campo de batalla.
Criar desde el respeto, incluso separados
La coparentalidad positiva no exige perfección, pero sí compromiso. Es una forma de demostrar que el amor por los hijos puede ser más fuerte que las diferencias entre adultos. Es elegir, cada día, ser parte de su crecimiento desde la responsabilidad, la coherencia y el afecto.
Porque al final, los hijos no necesitan padres que estén juntos. Necesitan padres que estén presentes, que se respeten y que les enseñen —con el ejemplo— que el amor también se construye desde la colaboración.
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